martes, 20 de septiembre de 2011

El conocimiento de Dios y de Jesucristo

La vida transformada por el conocimiento de Dios y de Jesucristo cuando es expresado en el carácter, es la más alta de todas las educaciones de la vida, es la llave que abre los portales de la ciudad celestial, es propósito de Dios que todos los que se visten de Cristo posean este conocimiento.

Aquel hombre cuya mente ha sido iluminada porque la Palabra de Cristo se abrió a su entendimiento, abra de comprender su responsabilidad delante del Señor Jesús y ante el mundo y sentirá que sus dones y talentos deben desarrollarse de una manera tal que de los mejores resultados; porque ha de manifestar "las virtudes" de Aquel que lo ha llamado "de las tinieblas a su luz admirable". Mientras se agrande la gracia y en el conocimiento del Señor Jesucristo, comprenderá sus mismas imperfecciones, vera su verdadera ignorancia, y procurará constantemente mantener y aplicar a fondo sus facultades mentales, a fin de llegar a ser un verdadero cristiano inteligente. Los que son estudiantes que estén llenos del Espíritu de Jesús, extraer conocimiento con todas sus facultades

La entrada de la Palabra de Dios al corazón es la verdadera Luz, la cual purifica, da vida y refina el alma mediante la intercesión del Espíritu Santo. Las facultades consagradas sin reserva a Dios, se desarrollan constantemente y armoniosamente. La devoción y la piedad establecen una relación tan íntima entre Jesús y sus discípulos, que el cristiano llega a ser como él. Por el poder de Dios, transforma su carácter débil y vacilante en otro lleno de fuerza y firmeza. Llega a ser una persona de sanos principios, clara percepción y juicio fidedigno y bien equilibrado. Estando relacionada con Dios, fuente de luz y comprensión, sus opiniones, despojadas de prejuicios y preconceptos, se vuelven más amplias, su discernimiento, más profundo y abarcante. El conocimiento de Dios, la comprensión de su voluntad revelada, al recibirse en el carácter, harán eficientes a los hombres.

El conocimiento es poder, pero es poder para bien, únicamente cuando va unido con la verdadera piedad. Debe ser vivificado por el Espíritu de Dios, a fin de servir para los más nobles propósitos. Cuanto más íntima sea nuestra relación con Dios, tanto más plenamente podremos comprender el valor de la verdadera ciencia; porque los atributos de Dios, según se ven en sus obras creadas, pueden ser apreciados mejor por aquel que tiene un conocimiento del Creador de todas las cosas, el Autor de toda verdad. Los tales pueden hacer el más alto uso del conocimiento; porque cuando se hallan bajo el dominio completo del Espíritu de Dios, sus talentos alcanzan su más plena utilidad.
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